BOOK-2020-131

Apuntes de Derecho Colectivo del Trabajo. Curso 3, Grado en RRLL y Recursos Humanos

Treviño Pascual, Mariano

2020
Universidad de Zaragoza Zaragoza
ISBN: 978-84-121747-6-2

Abstract: El equívoco que provoca el trabajo, entre hombres libres e iguales, es que implica la organización de una jerarquía, el sometimiento de unos al poder de otros. Y el derecho del trabajo construye la paradoja de la autonomía de la voluntad de los que se sitúan, de forma libre, en una relación de subordinación respecto de otro; construcción que no es respetuosa con las implicaciones del principio de autonomía de la voluntad, que se justifica, también, en que el principio de igualdad excluye que la voluntad de una de las partes pueda imponerse a la otra. El derecho del trabajo, a través de la igualdad formal conduce a situar el trabajo asalariado bajo la idea de contrato, se ha desarrollado desde la perspectiva de profundización en la idea de igualdad contractual. El problema central ha sido cómo establecer de hecho la igualdad que proclamaban los códigos, como pasar de la igualdad formal a la igualdad real. En suma, se trata de que a la igualación formal en el contrato se le sume una garantía de mínima igualdad real. Se trata de proteger al más débil para que el dogma del libre acuerdo entre particulares no se niegue a sí mismo en su propio ejercicio. Búsqueda de una igualdad real que permita conservar el marco del análisis contractual. Para superar la privación de libertad inherente al contrato individual de trabajo, la igualdad real sitúa en la idea de estatuto -de estatuto del trabajador- la corrección de las desigualdades entre él débil y el fuerte. Y el análisis contractual sólo puede sobrevivir incorporando esta idea de estatuto, mediante el reconocimiento de derechos definidos colectivamente (derechos colectivos o reglamentación colectiva) que fundan o confortan derechos individuales, es decir, derechos que cada trabajador puede alegar frente a su empresario, aspecto colectivo que ha adquirido así consistencia jurídica, a través del orden público. Ha sido, pues, la invención de lo colectivo, sobre la constatación objetiva de una comunidad de intereses, lo que provoca que el contrato de trabajo se convierta en la contraseña, que permita acceder a una identidad colectiva de los trabajadores, y que permita salir de los impasses de la sumisión voluntaria, y definir un derecho en que puedan convivir la subordinación y la libertad, dicho de otra manera, el Derecho del Trabajo nace de un planteamiento protector del trabajador, que trata de limitar el dogma iuscivilista de la autonomía de la voluntad. Emergencia de lo colectivo a la superficie del derecho o planteamiento protector que se plasma o que ha seguido dos vías: la vía de la regulación estatal y la vía de la autonomía colectiva. La vía del Estado consiste en someter los contratos de trabajo a un orden público de protección, cuya característica esencial es compensar la subordinación mediante la atribución de derechos vinculados a la sola cualidad de trabajador. Estas disposiciones de orden público insertan un estatuto en cada contrato de trabajo, que ha permitido el mantenimiento del marco contractual como definidor jurídico de la relación de trabajo y contribuyen así a forjar una identidad colectiva de los trabajadores por cuenta ajena. El orden público introduce necesariamente la dimensión colectiva en el derecho del trabajo, y sirve para reconocer la autonomía colectiva en las relaciones de trabajo, autonomía colectiva, que tiene tres elementos básicos: autoorganización (libertad sindical), autotutela (derecho de huelga) autonormación (negociación colectiva). Pero, para que abra un espacio en que pueda ejercerse la autonomía colectiva, es necesario que el Derecho del Trabajo se incline en un sentido, inflexión que resulta de la consagración del “principio de favor”, sobre el que reposa la jerarquía de las fuentes del derecho del trabajo. Dicho principio, a todas luces unilateral y discriminatorio, es la réplica a las prerrogativas unilaterales y discriminatorias que el contrato individual de trabajo confiere a los empresarios. La posición jerárquicamente superior que la ley confiere colectivamente a los derechos de los trabajadores responde a la posición jerárquicamente inferior que el contrato de trabajo confiere individualmente a éstos últimos. Así, la ley introduce un principio de igualdad real en la igualdad formal que continúa presidiendo el contrato de trabajo. Pero este principio de favor imprime necesariamente un aspecto particular a la noción de orden público. Al implicar la posibilidad de derogación unilateral en favor de los trabajadores, abre la posibilidad de una negociación de los términos de la relación laboral. Vemos aquí la complejidad de las construcciones jurídicas que surgen de la tensión entre la subordinación y la libertad individual en la relación de trabajo: un estatuto (colectivo) se aloja en el contrato de trabajo (autónomo e individual) por la sumisión de este contrato a un orden público (heterónomo y colectivo) que deja espacio a un derecho convencional (autónomo y colectivo). Así pues, lo individual y lo colectivo no pueden separarse, pues se trata de dos dimensiones de una misma relación jurídica. La invención de la dimensión colectiva ha permitido salir del dilema de la subordinación voluntaria, restituyendo al trabajador su cualidad de sujeto libre, sin cuestionar su situación subordinada: se le da en el plano colectivo la autonomía de que sé le privó en el plano individual. Pero este desarrollo de la autonomía colectiva no significa una autonomía de la dimensión colectiva en el análisis de la relación de trabajo. Esta dimensión sólo tiene, sentido en la relación que mantiene con la dimensión individual, de la que, es indisociable. Eso es lo que demuestra el análisis de las grandes libertades colectivas que consagra el derecho del trabajo: se trata de libertades individuales que se ejercen colectivamente, esto es, son de ejercicio colectivo, por lo que, en cuanto derechos-libertades, parece que quieren postular también un sujeto colectivo como su titular, para la garantía misma de su efectividad. La noción de libertad individual de ejercicio colectivo, da cuenta tanto de la libertad de los trabajadores para unirse (libertad sindical), combatir (derecho de huelga) y negociar juntos (derecho a la negociación colectiva), y como son siempre libertades públicas que tienden a compensar la subordinación individual, tienen siempre un aspecto individual que el Estado garantiza, noción de libertad individual de ejercicio colectivo revela el modo en que se ha forjado la dimensión colectiva del derecho del trabajo: no a partir de una afirmación a priori de comunidades o de solidaridades “naturales”, sino a partir de una profundización en los principios de igualdad y de libertad individual que presiden la teoría del contrato, libertades que analizaremos a continuación.


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 Record created 2020-09-03, last modified 2020-09-03


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