Resumen: n La anexión de la península de Crimea en 2014 sorprendió a todo el mundo: nadie esperaba que Rusia sobrepasase los límites de la legalidad internacional. Las antiguas repúblicas soviéticas del Báltico -ahora miembros de la OTAN- solicitaron a sus socios de la Alianza ayuda militar ante el temor de que pudieran sufrir el mismo trato que Ucrania había recibido por parte de Rusia). La respuesta de la OTAN fue la aprobación de la misión eFP (Enhanced Forward Presence) por la cual ha pasado en el año 2020 su séptimo relevo. El despliegue del contingente multinacional de la misión supuso un aumento de la tensión en las relaciones entre la OTAN y Rusia: la búsqueda del entendimiento y de los acuerdos internacionales dieron paso al cierre de las relaciones comerciales y colaboraciones militares. Desde entonces ambos actores han continuado persiguiendo sus intereses: la OTAN, resuelta a hacer valer el Tratado de Washington, no ha dejado de prepararse para ser capaz de hacer frente a cualquier amenaza que pueda surgir, ya sea convencional o híbrida; por su parte, Rusia sigue manteniendo el pulso en Ucrania y la presión en el frente báltico, decidida a recuperar su estatus de potencia mundial. A partir del estudio de estos acontecimientos se ha realizado un análisis de la situación actual de los dos actores internacionales, Rusia y los países que conforman la frontera oriental de la OTAN: Estonia, Letonia, Lituania y Polonia. Este análisis ha servido como punto de partida para plantear hacia donde pueden evolucionar las relaciones entre ambos en un futuro, mediante la generación de cuatro posibles escenarios. Los resultados del trabajo, tarde o temprano, se verán confirmados o desmentidos por el paso del tiempo