Resumen: El juego es la ocupación más importante en la infancia debido al tiempo que los niños invierten en ella. A medida que los niños van creciendo el juego va evolucionando, pasando por diferentes etapas. Los niños con Síndrome de Down presentan unas capacidades diferentes que hacen que la adquisición de las capacidades de juego sea más lenta, por lo que es necesario un mayor estímulo. El objetivo principal de la intervención es conseguir el juego social en un grupo de tres niños con Síndrome de Down de entre siete y diez años. Método: tras un período de evaluación realizado a través de escalas observacionales se planificó una sesión grupal a la semana de 90 minutos de duración a lo largo de siete semanas, en las que se han realizado diversas actividades grupales para trabajar las habilidades sociales. Resultados: las mejoras de los niños fueron analizadas a través de una observación subjetiva durante la que se encontraron avances en la participación de los niños y una mejora significativa en el juego cooperativo y en la comunicación. Conclusiones: El trabajo conjunto de profesionales de Terapia Ocupacional y Pedagogía Terapéutica, así como la intervención de las familias de manera indirecta pueden resultar una aportación interesante para programas futuros. Sin embargo, hay que tener en cuenta las limitaciones de tiempo, espacio y diferencias en las edades de juego para que el programa resulte igual de beneficioso para todos los participantes.