Resumen: El apoyo que los legionarios prestaron a las ambiciones políticas de sus imperatores durante la República tardía no se produjo a raíz de la aparición de un ejército profesional, proletario y voluntario. Aquellas legiones seguían siendo una milicia cívica comandada por un representante de la República. El imperator poseía autoridad legal, tradicional y carismática sobre sus tropas, estableciendo en muchos casos relaciones de lealtad personal que a veces podemos calificar como clientelares. Ahora bien, los soldados no seguían por ello automáticamente a sus comandantes, sino que resultaba fundamental la comunicación entre ambas partes, pudiendo recurrir los soldados siempre al motín para lograr sus fines. Por tanto, el imperator debía convencer a sus soldados para que le apoyasen. En este sentido, las motivaciones materiales (botín, tierras y distribuciones monetarias) convivieron con las políticas.