Resumen: Este trabajo se basa en la poesía de Emily Dickinson para evidenciar cómo el trauma, surgido en su entorno, afecta tanto el contenido como la forma de sus poemas. Como escritora del trauma, la poeta recurre a los poderes de la escritura terapéutica para poder lidiar con la realidad por medio de infinitas interpretaciones sobre el tema de la muerte. Para ello, Dickinson se desvía de la asociación tradicional de la muerte con el infierno y le impregna diferentes significados: un estrepitoso sendero que culmina en el apaciguador renacimiento, un alivio, un enemigo despiadado o una figura solícita que ofrece la liberación del preso, desencadenándole de las esposas del trauma. A veces, el trauma se personifica en la figura de la muerte como un teatro de la mortalidad, un ingenioso insecto que mata sin piedad a un árbol indefenso o se disfraza de un pretendiente amable que lleva al yo lírico a una cita. Por lo tanto, las representaciones infinitas de la muerte reflejan los intentos persistentes de Dickinson de ilustrar sobre papel y curar el trauma que es tan presente en su vida y obras.