Resumen: En un ambiente operacional cada vez más complejo, la conducción de los conflictos bélicos presenta un claro carácter conjunto, donde la integración de fuegos es determinante en la consecución de objetivos en el campo de batalla. El arma de fuegos por excelencia, la artillería, es la encargada de coordinar y de integrar todos los tipos de apoyo de fuegos a las unidades de maniobra, proporcionando fuegos profundos, potentes, y efectivos. Para la integración y coordinación del apoyo aéreo se necesita de una figura cualificada para dirigirlo. Esta figura es el Joint Terminal Attack Controller (JTAC), reconocida por la OTAN y responsable sobre el terreno del apoyo aéreo, el cual ha experimentado un desarrollo importante en las últimas décadas debido al aumento de acciones de Apoyo Aéreo Cercano (CAS). Estas acciones, simultáneamente a las unidades de maniobra, se han adaptado a los cambios en el entorno operativo. En conflictos con amenaza de baja intensidad o de ambiente asimétrico, la superioridad aérea total permite apoyos flexibles sobre cualquier lugar del terreno. Por el contrario, en los entornos de combate convencional o de ambiente simétrico, las operaciones CAS presentan mayor dificultad por no tener garantizada dicha superioridad aérea, o lograrla sólo parcialmente. El peso de la artillería es esencial para lograr dicha superioridad con la aplicación de fuegos de supresión de defensas aéreas enemigas (SEAD). En esta última situación el poder aéreo realiza también operaciones de superioridad aérea, supresión de las defensas aéreas del enemigo, ataque estratégico, interceptación y CAS convencional. En contraste, en operaciones aéreas ejecutadas en entornos de baja amenaza contra un adversario de difícil identificación y localización que utiliza métodos de guerra asimétrica, el poder aéreo desempeña una función esencial en misiones de Aerotransporte Táctico (AT); de Inteligencia, Vigilancia, Adquisición de Objetivo y Reconocimiento (ISTAR), y de CAS en apoyo a las fuerzas terrestres propias desplegadas sobre el terreno. A lo largo de este trabajo se realiza un estudio, por un lado, de la planificación y conducción de las acciones de apoyo cercano, y por otro, de las necesidades que se desprenden del empleo del CAS en los diferentes entornos señalados anteriormente. En su parte final, se presenta un análisis del riesgo inherente en estas acciones de apoyo cercano, de la necesidad de minimizar tanto daños colaterales en tropas propias como en las propias aeronaves en caso de integración con fuegos indirectos. La reducción de riesgo tiene una base tecnológica muy importante, pero esa tecnología también puede ser utilizada por el adversario con efectos en la seguridad de nuestras acciones. El disponer de medios avanzados tecnológicamente para hacer frente a las amenazas en todos los dominios se recoge de manera detallada en la planificación del Ejército a medio y largo plazo llamada “Fuerza 35”, incluyendo las relativas a la integración de aeronaves no tripuladas o remotamente pilotadas. Por ello, planteamos un segundo análisis sobre el empleo de las diferentes plataformas aéreas en las acciones CAS. Finalmente, y a modo de conclusión, la principal necesidad derivada de las acciones de apoyo cercano debe ser la de evitar daño colateral, entendiendo como tal, el que se provoca a fuerzas propias, fuerzas amigas y/o civiles no combatientes. El JTAC puede ayudar a atenuarlo, tanto con la comprensión de las principales causas que lo provocan, como con la aplicación de técnicas apropiadas para reducirlo. Del mismo modo, contar con medidas de defensa y protección de nuestras fuerzas frente a adversarios tecnológicamente avanzados supone, entre otros aspectos, dotarse de los Sistemas de Aeronaves No Tripuladas (UAS, Unmanned Aircraft Systems) o también denominadas Sistemas de Aeronaves Pilotadas Remotamente (RPAS, Remotely Piloted Aircraft Systems) más eficientes, empleándolos con la mayor eficacia.