Resumen: Resumen: Actualmente el virus SARS – COV – 2 en sujetos sin comorbilidades no tiende a ser una patología con alto riesgo de mortalidad. En cambio, en la fase precoz de la pandemia, en individuos sometidos a cirugía se han observado complicaciones graves, desencadenadas por mecanismos fisiopatológicos, específicos de las circunstancias de la cirugía y del postoperatorio. Consiguientemente, los sistemas nacionales de salud, con el objetivo de disminuir la mortalidad postoperatoria, al inicio de la pandemia han implementado criterios de demora y de cancelación de cirugías, con el objetivo de disminuir la tasa de complicaciones. La pandemia COVID, por lo tanto, se asocia a una contracción importante de las actividades quirúrgicas, causando un gran descontento en la población y graves implicaciones para la salud poblacional. El análisis de la eficacia de esta medida revela que la masiva suspensión de la actividad quirúrgica finalmente puede conducir a un deterioro de la salud poblacional no justificable. Por lo tanto, surge la necesidad de una toma de decisiones más diferenciada, que da margen a una reexpansión de los servicios de cirugía. Los criterios de cancelación deben considerar no solamente factores de riesgo, sino también potenciales beneficios que justifican una intervención, incluso en sujetos COVID (+). Una observación importante en este contexto consiste en que la gravedad del impacto negativo no es el mismo para todos los tipos de cirugía. El riesgo postoperatorio varía según el tipo de intervención, con lo cual el margen de cancelar cirugías programadas es variable, lo que permite la potencial intervención, incluso en individuos COVID (+) de bajo riesgo. Aun así, sigue habiendo factores no bien investigados y el manejo preciso del riesgo quirúrgico permanece una tarea no solucionada dada las implicaciones desconocidas del nuevo virus. Hacen falta nuevos métodos de valoración, que tengan en cuenta las circunstancias específicas del virus y de la pandemia. Al evolucionar la pandemia se produce una exposición gradual de la población al virus y aumenta el número de vacunados. Además, se producen mutaciones del virus, que aceleran la disminución del número de complicaciones en el ámbito quirúrgico. Por lo tanto, aunque el virus continúa estando presente, las circunstancias modificadas permiten acabar con las medidas extraordinarias. Con esto termina la época COVID en el ámbito de la cirugía y se produce la vuelta a la “nueva normalidad”.