Resumen: La supervivencia relativa a cinco años del cáncer de páncreas es de tan solo un 13.3%, lo que lo sitúa entre uno de los cánceres con peor pronóstico en la actualidad. Este elevado índice se debe, principalmente, a su diagnóstico tardío y a su alta agresividad, condicionados por la ubicación profunda del páncreas en el espacio retroperitoneal y por sus estrechas relaciones vasculares que limitan su resecabilidad y pronóstico. En este contexto, la pancreatoduodenectomía, o técnica de Whipple, surge como la única opción potencialmente curativa para los tumores resecables de la cabeza del páncreas e implica la resección de la cabeza del páncreas, el duodeno, la vesícula biliar y parte del conducto biliar común. Con el objetivo de mejorar el pronóstico de los pacientes candidatos a la cirugía y reducir la tasa de recidivas, la pancreatoduodenectomía ha ido evolucionando a lo largo de los años, al contar con avances en las técnicas de resección y de anastomosis; en el manejo de las estructuras vasculares; y en la incorporación de abordajes mínimamente invasivos con la cirugía laparoscópica y robótica. Además, se ha logrado una mejor comprensión de las complicaciones postoperatorias, fundamentalmente de la fístula pancreática, la cual influye significativamente en la morbilidad del procedimiento. Entre los avances más relevantes que han demostrado contribuir a la mejora de los resultados postoperatorios se encuentran: el uso de derivaciones vasculares, que permiten la resección de tumores antes considerados irresecables; la resección total del mesopáncreas, como medida para optimizar el control local de la enfermedad; los protocolos para acelerar la recuperación postoperatoria; la mejora del soporte nutricional y, finalmente, la estratificación del riesgo de fístula pancreática para implementar estrategias preventivas, así como su manejo conservador para reducir el riesgo de reintervenciones. No obstante, el principal problema del cáncer de páncreas continúa siendo su diagnóstico en estadios ya avanzados, lo que limita la posibilidad de cirugía a solo el 20% de los casos. Por tanto, hasta que no se desarrollen estrategias de detección precoz de la enfermedad, el impacto global de estos avances quirúrgicos y perioperatorios en la mortalidad por cáncer de páncreas seguirá siendo limitado.