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            <surname>Gil Pelegrín</surname>
            <given-names>Eustaquio</given-names>
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        <year>2025</year>
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    <abstract>El género Quercus cuenta con más de 400 especies distribuidas por todo el hemisferio norte. Esta biodiversidad, sumada a las dispares historias evolutivas de los diferentes clados subgénericos, se traduce en una gran diversidad de morfologías foliares, estrategias fisiológicas y ecológicas que les permiten colonizar, e incluso dominar, numerosos hábitats en climas muy diferentes.&lt;br /&gt;El clima mediterráneo, por ejemplo, es uno de los más restrictivos por la presencia de una sequía estival y unas temperaturas invernales bajas. En la cuenca mediterránea, una especie paradigmática de Quercus asociada a este clima es la encina. Esta especie cuenta con un comportamiento bimodal asociado a dos morfotipos que presentan diferencias en sus estrategias para enfrentarse a dichos factores de estrés. Así, el morfotipo Ballota, que ocupa condiciones generalmente más continentales y frías, presenta mayor resistencia a la cavitación, vasos más pequeños en su xilema y mayor tolerancia al frío que el morfotipo Ilex, que habitualmente está presente en zonas más suaves por su proximidad al mar.&lt;br /&gt;La encina define un síndrome foliar característico del clima Mediterráneo, que comparte con las especies que ocupan climas áridos y algunas otras especies mediterráneas. Este síndrome se caracteriza por presentar hojas pequeñas, esclerófilas, perennifolias, generalmente redondeadas, pubescentes y de bordes enteros, a veces con espinas o mucrones. Otras especies mediterráneas, junto con las templadas presentan hojas grandes, malacófilas, caducifolias, obovadas y lobuladas. Las especies tropicales tenderían a desarrollar hojas más largas, ligeramente esclerófilas, perennifolias, de bordes serrados, con ápices acuminados y glabras.&lt;br /&gt;El hábito foliar también define dos estrategias anatómicas diferentes en Quercus a nivel de pecíolo. Por un lado, las especies caducifolias tienden a aumentar el tamaño de sus vasos en el xilema y las células del floema para satisfacer las mayores demandas hidráulicas y fotosintéticas que implica desarrollar una mayor lámina foliar. Por el contrario, las especies perennifolias tienden a seguir una estrategia más conservadora, aumentando su capacidad hidráulica especialmente a través de la inversión en superficie conductora.&lt;br /&gt;Por último, queda demostrado cómo las especies de Quercus tienden a maximizar una única estrategia para defenderse de los herbívoros, ya sea de naturaleza física, química o de tolerancia a la presión biótica. Las especies más esclerófilas optimizarían una estrategia defensiva de tipo físico, mientras que el resto apostarían o bien por incrementar sus concentraciones de taninos condensados o su ratio relativo de crecimiento.&lt;br /&gt;</abstract>
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  <article-type>TESIS</article-type>
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