Resumen: La formación artística en la universidad nos parece un ejemplo claro de interfaz, en tanto que sistema complejo de agentes independientes, como dispositivo y situación, diseñada dentro de un contexto cultural y que a su vez diseña contextos culturales, con una ideología determinada incrustada en ella. Michel Foucault ya describe la educación como un dispositivo de poder. Así, la universidad responde al proyecto ilustrado en el que se considera la necesidad de crear un espacio donde guardar y transmitir el saber. Es un dispositivo que forma parte del proyecto ideológico de una sociedad. Es la encargada de dar legitimidad para ejercer una profesión (dispensadora de títulos, pero también de titulados, pensadores, ciudadanos, etc). Todo esto hace que identi!quemos a la universidad, o al sistema educativo superior, con la interfaz. Como toda interfaz, su funcionamiento ensambla una ideología en los procesos de subjetivación de sus usuarios. La interfaz, como explica Evgeny Morozov en torno a las aplicaciones, puede aportar información, para dejar a nosotros la agencia performativa, o puede limitar la manera en que presenta las situaciones, de manera que nuestra capacidad de análisis, de decisión y de actuación se ve asimismo limitada. Es más, la creciente inclusión de interfaces en forma de plataformas en línea como herramienta académica, no hace sino acentuar la unidireccionalidad en la posición de poder y las limitaciones de la educación. En la docencia del arte, existen prácticas artísticas y educativas que fomentan la producción de nuevas formas de subjetivación. En este trabajo, nos proponemos explorar estas prácticas a partir de la docencia y la investigación artísticas.