Resumen: El siglo XVI fue el momento de máximo esplendor de la arquitectura civil zaragozana. Más de doscientas casas-palacio de mercaderes y caballeros fueron construidas en rejola (barro cocido) y aljez (yeso blanco), tiñendo la ciudad de una apariencia similar. Todas estaban organizadas en cuatro plantas: sótano, de calle, principal y falsa, variando unas de otras en el tamaño y decoración de la portada y alero. La estructura, el espesor de los muros y la forma en que se construyeron dependían tanto del clima de la ciudad como de la tradición constructiva mudéjar. El estudio de cinco casos concretos nos ayuda a entender las variaciones dentro del mismo tipo de vivienda. Las casas de la calle de las Armas 32, la de Miguel Torrero, la de Diego y Juan de Aguilar, la llamada de Montemuzo y la de la calle de Argensola 2. La guerra de los Sitios, las guerras carlistas y la guerra civil de 1936 acabaron con la práctica totalidad del caserío zaragozano, pero la posterior llegada de la democracia trajo consigo la restauración y reutilización de las casas palaciegas. A partir de diferentes formas de restauración y conservación, se ha conseguido hacer de estos inmuebles una parte indispensable del casco histórico de la ciudad, siendo utilizados para fines tan dispares como museos, bibliotecas, viviendas u oficinas. Con una metodología de trabajo paralela: siglo XVI vs. Año 1970 se procede al estudio de la construcción renacentista y al de la restauración de la envolvente en el siglo XX, siendo esta la de una tipología tan clara como es la de la casa palacio zaragozana y su adaptación como envolvente de diferentes usos, el motivo fundamental de la investigación.