Resumen: En el presente trabajo se pretende estudiar una de las formas de discriminación que más controversia genera en la actualidad. El discurso del odio se sirve de un ejercicio exorbitante del derecho de libertad de expresión para justificar así la incitación al odio religioso, racial, ideológico, en definitiva, la intolerancia hacia el diferente. La libertad de expresión implica la libertad del individuo para manifestar su pensamiento, es decir, su participación individual en un proceso comunicativo público que permite su difusión en el «mercado de las ideas». Pero estas premisas conllevan una recíproca comprensión entre los interlocutores que permita el desarrollo del debate político y social, generándose un discurso público en el marco democrático. Esa tensión existente entre el debate orientado al conflicto y al cambio frente aquel que simplemente rechaza los valores del ordenamiento puede implicar la desaparición de cualquier discurso minoritario. Estamos ante una de las materias que más literatura ha generado en las disciplinas de la Filosofía política y el Derecho. La opinión general parece negar la protección del discurso del odio que incita a la violencia, pero no hay coincidencia en cómo definir el término incitación. Por otro lado, también existe un lenguaje del odio que incita a la hostilidad sin llegar a constituirse en una provocación a la violencia y no siempre se distingue entre este discurso y el anterior; además, tampoco hay acuerdo sobre la forma de reaccionar ante el discurso del odio que no promueve la violencia.