Resumen: Tras la Revolución Mexicana y el auge del nacionalismo, surge un movimiento artístico y cultural denominado muralismo mexicano, cuyo objetivo era la creación de un arte nacional que expresase la voluntad del pueblo. Es en este contexto en el que destaca la figura de Rufino Tamayo, pintor que supo aunar la tradición con la modernidad, concibiendo un arte que traspasó las fronteras nacionales y supuso, en definitiva, un arte universal. A pesar de su temprana ruptura con sus coetáneos, creó grandes obras murales, las cuales constituyeron el punto de partida a un nuevo tipo de muralismo, alejado de las pretensiones narrativas e ideológicas del movimiento inicial.