Resumen: La Primera Guerra Mundial provocó, todavía en su transcurso, la Revolución Rusa, una revolución multipolar que finalizó en última instancia con la toma del poder por parte de los bolcheviques y la salida de Rusia de la Gran Guerra tras la firma del tratado de Brest-Litovsk en 1918. El abandono de Rusia del conflicto dio lugar a unas altas expectativas de victoria en el bloque de los Imperios Centrales, lo que no hizo sino agravar el impacto de la derrota final, llegando al punto de la no aceptación de dicha derrota y al nacimiento del mito de la «puñalada por la espalda». Por otro lado, el final de la guerra desencadenó la desintegración de los Imperios Centrales y la construcción de unos nuevos estados-nación edificados bajo la idea de la homogeneidad étnica. La expansión del bolchevismo, el nacionalismo exacerbado, la no aceptación de la derrota, el paramilitarismo y la pretendida homogeneidad étnica como seña de identidad de los nuevos estados hicieron del Centro y el Este europeo un hervidero de violencia que prolongó la acaecida durante la Gran Guerra hasta 1923.
Tipo de Trabajo Académico: Trabajo Fin de Grado
Notas: Resumen disponible también en inglés (abstract): World War I caused, even in its course, the Russian Revolution - a multipolar revolution that ultimately ended with the Bolsheviks' takeover of power and Russia's departure from the Great War after the signing of the Brest-Litovsk treaty in 1918. Russia's abandonment of the conflict led to high expectations of victory in the Central Powers, which did nothing but aggravate the impact of the final defeat, reaching the point of not accepting such defeat and giving place to the emergence of the myth of the «backstab». On the other hand, the end of the war triggered the disintegration of the Central Powers and the construction of new nation-states built under the idea of ethnic homogeneity. The expansion of bolshevism, the exacerbated nationalism, the non-acceptance of defeat, the paramilitarism and the purported ethnic homogeneity as a hallmark of the new states made central and Eastern Europe a hotbed of violence that continued to prolong the one experienced during the Great War until 1923.