Resumen: Como a todo arquitecto que se precie siempre ha despertado en mí una gran curiosidad el mundo de la Medicina. En mi caso, además, se da la circunstancia de que mi madre se dedica a la misma desde hace muchos años, todos ellos con una vocación decidida y firme. Ver cómo se pueden salvar o mejorar las vidas de las personas por la intervención de otras me parece algo fascinante. En una actividad tan humana la Arquitectura también tienen un papel nada despreciable. Su tarea es dar forma a los espacios donde todos estos procesos de gran complejidad tienen lugar, de modo que los mismos lleguen a funcionar de la mejor manera posible. En una situación de pandemia como la que nos encontramos, en que la infraestructura sanitaria se ve colapsada, esta responsabilidad se acrecienta más que nunca. Se necesitan espacios de urgencia que, además de cumplir su función del modo más eficaz posible, se ejecuten en plazos de tiempo muy reducidos. La vida y la salud de muchas personas dependen de ello. Es en este punto donde entran las Arquitecturas hospitalarias de emergencia. De su estudio y análisis podemos concluir los aspectos positivos y negativos de cada una de ellas, sin olvidarnos que la arquitectura debe ir más allá de lo estrictamente funcional, aportando un plus de calidad sanadora y confortante para el paciente.