Resumen: Las experiencias cumbre, situadas en la psicología humanista, fueron descritas por primera vez por el psicólogo Abraham Maslow, quien las definió como momentos de máxima plenitud, satisfacción y perfección de la vida, completo bienestar y felicidad consigo mismo y con el entorno. Para poder experimentar una experiencia cumbre es necesario tener cubiertas las necesidades vitales, también enumeradas por Maslow, y haber conseguido alcanzar la autorrealización. Se consideran experiencias muy valiosas, fuente de emociones positivas y con efectos terapéuticos. Hemos realizado un estudio transversal analítico con el objetivo de evaluar las experiencias cumbre y su relación con el Mindfulness y los sueños lúcidos. Para la recopilación de datos se facilitó a los participantes un Cuaderno de Recogida de Datos que incluía un apartado para información socio-demográfica, además de distintos cuestionarios y escalas: Five Facets Mindfulness Questionaire (FFMQ), Lucidity and Consciousness in Dreams Scale (LuCID Scale), Escala de Absorción de Tellegen (TAS), Nondual Embodiment Thematic Inventory (NETI) y datos sobre práctica habitual de meditación y vivencia de experiencias cumbre. Los resultados obtenidos muestran la existencia de correlación entre la práctica formal de meditación y la vivencia de experiencias cumbre, con un valor de significación p=0.011 y un coeficiente de correlación phi=0.212. Además, también se han obtenido resultados estadísticamente significativos que relacionan las experiencias cumbre con otras dos variables analizadas en este estudio, FFMQ faceta “Observar” (p=0.044) y TAS (p=0.006). El estudio concluye que las personas con mayor capacidad de reconocer sensaciones, emociones, olores, sonidos por muy sutiles que estos sean (FFMQ faceta “Observar”) y que tienen mayor capacidad de atracción y respuesta ante estímulos atrayentes inductivos (TAS), están más predispuestas a reconocer sus propias experiencias internas y así, poder experimentar una experiencia cumbre.