Resumen: Muchos son los estigmas que no dejan impune a la más inconformista de las generaciones, la generación de cristal, los cegados por las pantallas, los que se quejan por todo… La digitalización es su ámbito y las redes sociales, su herramienta de vida. La Generación Z dice no a los tabúes y sí a la visibilización, pero como la mejor de las varitas en el más novato de los magos, el exceso de capacidades en unas manos inexpertas tiene sus consecuencias. Corredores en un circuito sin frenos, las exigencias y los estigmas merman sus valores generacionales, que acaban difuminados por un ego formado a través de la realidad de las pantallas. Es aquí donde aparece una de las mayores problemáticas del siglo XXI: no saber distinguir lo real de la fantasía. Acudiendo a una llamada de auxilio nunca generada y ante la caótica confusión de información en redes sociales, analizamos la performance como motor del ideario de la Generación Z para poder entender los diferentes mecanismos sociales que los jóvenes desarrollan en el mundo virtual centrándonos en el peligro que puede generar la cultura del victimismo para conseguir el éxito en la vida real. ¿Qué poder esconden los términos que creamos en redes sociales? ¿Ser “la víctima” está de moda? Arrojamos luz sobre temas como los mecanismos de coping, la romantización y el humor irónico y los roles tóxicos del main carácter y analizamos cómo se están comercializando los sentimientos en el mundo digital a través de una narrativa que habla sobre la tiktoker @kindapatri, el ideario de la cantante Taylor Swift, los reality shows y los dramas adolescentes y sus repercusiones en la Generación Z para combatir la desinformación de tendencias recientes que pueden resultar peligrosas en el futuro, con el objetivo final de descubrir si las tendencias actuales de los jóvenes tienen peso sobre la salud mental.