Resumen: Durante siglos la maternidad se ha concebido como una función exclusiva de la mujer. El hecho de pertenecer las mujeres al género femenino otorgaba las cualidades necesarias y no se tenía en cuenta la salud mental de las embarazadas o se les infravaloraba describiéndolas como quejas propias de los cambios emocionales. Estas ideas se han reflejado en las investigaciones, las cuales no se iniciaron en el embarazado hasta los años 60. A través de las investigaciones y el registro de datos, con las mejoras en las intervenciones de enfermeras y matronas, la visibilización y reconocimiento de su trabajo, se ha comenzado a dar la importancia precisa a este periodo de tiempo en el que se forja la identidad materna, momento en el que se presenta gran vulnerabilidad, inseguridad, frustración e incertidumbre. El incumplimiento de las expectativas maternales puede generar problemas de salud mental como la ansiedad gestacional, la cual se caracteriza por causar angustia materna y supone un riesgo importante tanto en el posparto como en el neonato. También tiene un origen físico, ya que se ha demostrado que el córtex prefrontal sensibiliza a las gestantes ante estímulos amenazantes, lo que favorece también la aparición de trastornos mentales. El embarazo fisiológico conlleva modificaciones físicas a nivel del Sistema Cardiovascular, Sistema Urinario, balance hídrico, Sistema Respiratorio, Sistema Digestivo, Sistema Endocrino, Sistema Nervioso Central y Periférico, Sistema Músculo-esquelético, Equilibrio ácido-base y Sistema tegumentario; además de los cambios propios del crecimiento y desarrollo fetal. A nivel psicológico, se producen cambios en el autoconcepto, en el estado de ánimo y en la personalidad de la embarazada, con el objetivo, al igual que los cambios físicos, de que se produzca la adaptación a la nueva situación y la madurez de la gestante. Dentro del marco conceptual de la salud mental perinatal, se han expuesto numerosas teorías sobre la psicología de la embarazada, las más tratadas dentro del ámbito de la enfermería han sido la Teoría de Adopción del Rol Materno de Mercer, la Teoría de Transiciones de Meleis y la Teoría Psicoanalista del embarazo. También las creencias sobre el embarazo y parto han sido tenidas en cuenta y tratadas en esta disciplina. En relación con el marco legislativo, existen estrategias vigentes que hacen referencia a la salud mental perinatal como la Estrategia de Atención al Parto Normal; la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva; la Guía de Práctica Clínica de Atención en el embarazo y puerperio; la Guía de Práctica Clínica sobre Atención al Parto Normal; el Plan de parto y nacimiento; el Plan de Salud Mental 2022-2025; Estrategia de Salud Mental SNS 2009-2013; y Difusión de la Estrategia de Salud Mental del SNS y formación a profesionales. Para un entendimiento más profundo de la ansiedad, es necesario conocer el origen de la misma, lo que implica la necesidad de indagar durante la entrevista clínica. El comienzo de esta sintomatología puede estar asentado en el miedo, lo que se denomina tocofobia; en el estrés, por una disonancia entre los estímulos externos y los recursos propios para hacerles frente; y en la preocupación, principalmente sobre la salud del recién nacido. Además de la ansiedad, existen otros trastornos psicológicos prevalentes y con afectación en la madre y en el hijo/a, como son la depresión, la tristeza puerperal, la psicosis, el trastorno límite de la personalidad, trastorno del pánico, trastorno de la conducta alimentaria y trastorno obsesivo compulsivo. Todos ellos están clasificados en un nivel de riesgo para la correcta atención en el seguimiento de la gestación. La ansiedad en el embarazo se produce por un aumento de las preocupaciones sobre el embarazo, parto y recién nacido; y por los cambios hormonales que induce esta patología, como la secreción de cortisol. La prevalencia de este trastorno mental ronda ente el 8,5% y el 20%, siendo el más importante el tercer trimestre con una frecuencia de entre el 21 y 24,6%; datos llamativos al compararlos con la población general, la cual se sitúa en un 3,1% aproximadamente. Estas preocupaciones pueden ir precedidas por unos factores de riesgo previos a la gestación que acrecientan la predisposición a la ansiedad en el embarazo, como son: la falta de apoyo social, la edad materna, la nacionalidad, la etnia, la ocupación laboral habitual de la embarazada, el nivel socioeconómico, el nivel de estudios, el lugar de residencia, el estado civil, el consumo de drogas legales e ilegales, los antecedentes psiquiátricos familiares y personales, la paridad, los abortos anteriores, las pérdidas neonatales, el embarazo no planificado, los tratamientos de reproducción asistida, la edad gestacional en la que se encuentra, el sexo del neonato y la complicaciones que se desarrollen durante la gestación. Para la detección de la sintomatología ansiosa, existen numerosos métodos de cribado que tienen como objetivo detectar precozmente la ansiedad en el embarazo. La más validada entre la población grávida y más utilizada es la STAI, la cual consta de 2 apartados, Rasgo y Estado, con 20 ítems cada uno, que pretenden analizar la personalidad de la embaraza y el estado ansioso que pueda aparecer a causa de una situación concreta. Cuando se objetiva un aumento de los síntomas de ansiedad en la embarazada, pueden darse una serie de consecuencias tanto en la salud materna como fetal, las destacadas en este estudio son: alteración en curso normal del control gestacional, alargamiento de la duración del parto, aumento de la solicitud de la analgesia epidural, incremento de la administración de oxitocina, mayor probabilidad de partos distócicos y de cesáreas, mayor riesgo de episiotomías y de desgarros perineales, trastornos mentales posparto, alteraciones en el RCTG, aumento del número de determinaciones de pH de calota fetal intraparto, disminución del peso fetal, mayor riesgo de parto prematuro, baja puntuación del recién nacido en el test de Apgar, más posibilidades de ingreso del neonato, variación en los valores del pH arterial de sangre del cordón umbilical, y más probabilidades para el recién nacido de padecer enfermedades físicas y psicológicas. La alta prevalencia y progresión al alza de la ansiedad en el embarazo, las consecuencias negativas que implica y los pocos estudios que han englobado todos estos factores de riesgo en un mismo estudio hacen que sea indispensable conocer la envergadura de esta problemática de la salud mental perinatal. Por ello, se planteó como hipótesis principal que la ansiedad desarrollada durante el tercer trimestre de la gestación expone a complicaciones durante la etapa perinatal, lo que perjudica en la salud materna y fetal; y como objetivo principal conocer en profundidad el efecto de los síntomas de ansiedad en embarazadas hospitalizadas durante el tercer trimestre y las variables sociodemográficas, obstétricas y fetales que influyen. Para demostrarla se llevó a cabo un estudio observacional, transversal, descriptivo y correlacional en el Hospital Materno-Infantil de Zaragoza entre marzo de 2018 y noviembre de 2019. Se solicitó la autorización al CEICA y se informó a la dirección del hospital acerca del estudio y su objetivo. Tras el cálculo del tamaño muestral, la valoración de la población con los criterios de inclusión y exclusión establecidos, y el consentimiento verbal e informado firmado, se obtuvieron 250 participantes. Con el análisis estadístico se objetivó en las variables sociodemográficas que la etnia estaba relacionada con los síntomas de ansiedad (p= 0,001) y el lugar de residencia con la ansiedad Rasgo (p= 0,044). En cuanto a las variables obstétricas anteparto, se asociaron los síntomas de ansiedad a las semanas de gestación (p= 0,018), la duración del ingreso a la ansiedad Rasgo (p= 0,036), y el tipo de gestación y la edad gestacional a la ansiedad Estado (p= 0,004 y p= 0,010, respectivamente). En las variables obstétricas relacionadas con el parto, se corroboró que la ansiedad Rasgo influía en la duración de las fases latente y activa (p=0,002 y p= 0,009, respectivamente), especialmente en primíparas (p=0,026 y p= 0,006, respectivamente), en la realización de pruebas intraparto para la determinación del pH de calota fetal (p= 0,012) y el tipo de parto (p= 0,005). En este último se aplicó la prueba post-hoc de Tukey donde se obtuvo una relación significativa en el binomio cesárea- parto normal (p= 0,027). La ansiedad Estado en cambio mostró asociación estadística con la administración de analgesia epidural (p= 0,029). En las variables neonatales, se vio como la ansiedad total influyó en el valor del pH arterial de sangre de cordón umbilical (p= 0,040) y la ansiedad Rasgo en el peso del recién nacido (p= 0,013), en concreto, cuando era menor de 2500g (p= 0,035) y mayor de 4000g (p= 0,018). Se analizó también el acompañamiento durante el ingreso hospitalario y quien lo ejercía en relación con la ansiedad, comprobando que la ansiedad Estado estaba asociada a estas dos variables (p= 0,011 y p= 0,047, respectivamente). Esta investigación ha mostrado que la etnia y el lugar de residencia son dos variables que predisponen al desarrollado de ansiedad, lo que implica que el desconocimiento y la falta de recursos aumenta la sintomatología ansiosa. Las costumbres culturales a veces chocan con las tradiciones locales, lo que puede ser un punto a tener en cuenta en el ingreso de la gestante. Por otra parte, el establecimiento de la residencia en un medio rural puede hacer que la accesibilidad al sistema sanitario esté reducida, por lo que la cercanía al parto colabora en incrementar los niveles de ansiedad. Las semanas de gestación en las que se encontraba la participante favorecieron la aparición de ansiedad, en concreto la ansiedad Estado, se demostró que aumentaba en las embarazadas en las últimas semanas. Aunque esto contradice parcialmente lo descrito en la literatura científica donde se afirma que existen mayores niveles de ansiedad en las menores de 37 semanas, corrobora el hecho de que la situación en la que se encuentra en el momento de la valoración de los síntomas de ansiedad repercute en su percepción y gestión emocional. La ansiedad Rasgo se incrementó entre las mujeres con mayor duración del ingreso, lo que supone que una personalidad ansiosa favorece las complicaciones del embarazo y el proceso de parto. La presencia de una personalidad ansiosa en la gestación ha llevado una mayor duración de la fase latente y menor duración de la fase activa, lo que está en consonancia parcialmente con las investigaciones anteriores donde se ha comprobado que la ansiedad afecta a las contracciones uterinas, alterando el parto. Además, el aumento de pruebas de pH de calota feta está afectado por este aumento del nivel de la ansiedad Rasgo, aunque la documentación acerca de este parámetro es casi nula por lo que es necesario seguir indagando sobre su relación. El tipo de parto también tuvo relación con la personalidad ansiosa, siendo el binomio cesárea-parto normal el que tuvo significación estadística, lo que se justifica con los miedos existentes en referencia al parto. La ansiedad Estado fue protagonista, dentro de las variables obstétricas relacionadas con el parto, en la administración de la anestesia epidural. Esto corrobora la hipótesis de estudios anteriores, en lo que se señala el dolor como el origen del miedo de la gestante y su forma de control de éste y del parto en general a través de la administración de esta analgesia. En cuanto a las variables neonatales, se objetivó, por un lado, relación estadística del valor de pH arterial de sangre de cordón umbilical obtenido con los síntomas de ansiedad, asociación que debe seguir analizándose en próximos estudios debido a la escasez de los mismos en la actualidad; y por otro lado, el peso del recién nacido se vio afectado por la ansiedad Rasgo, tanto en valores menores a 2500g como mayores a 4000g. Numerosos estudios han afirmado la idea de que el bajo peso está asociado con la ansiedad gestacional, derivado de la alteración en la circulación placentaria que produce el exceso de cortisol en sangre materna. El acompañamiento durante todo este proceso fue beneficioso para la gestante, disminuyendo la ansiedad Estado, por lo que se deduce que el apoyo recibido lo percibió como suficiente y satisfactorio. La persona que lo ejerció también influyó en la ansiedad Estado, observando diferencias significativas entre las que tuvieron el soporte de su pareja y las que no estuvieron acompañadas durante el ingreso. Esta situación puede deberse a las expectativas reflejadas en el cónyuge y los posibles conflictos generados entre ellos. En conclusión, la incertidumbre, miedo, frustración, inseguridad y desconocimiento causan un incremento de los síntomas de ansiedad los cuales se ven favorecidos por la situación en la que se encuentra la mujer al inicio de la gestación y por la sucesión de los eventos al final del embarazo y durante el parto. La implicación de las y los profesionales sanitarios, en concreto de las matronas, puede ayudar a prevenir y/o disminuir la prevalencia de la ansiedad gestacional a través de la información y participación plena de todo el proceso del embarazo y parto tanto en atención primaria, a través de la educación maternal, como en atención especializada, con programas y sesiones formativas en la unidad de paritorios. A su vez, la participación del círculo social de confianza de la gestante puede mejorar la percepción de satisfacción e incrementar su presencia durante todo el proceso.