Resumen: El cuerpo ha sido el lugar donde se reproducen los mandatos sociales y es donde se ejercen las opresiones, así como también las resistencias. Es por eso que se plantea el cuerpo como un lugar de sanación como práctica política feminista, ya que liberarlo de las opresiones que lo encasillan, violentan y enferman, es un acto no solo de amor, sino de rebeldía en contra de un sistema que por medio de la violencia sexual, psicológica y física ejercida en contra del cuerpo de las mujeres, las ha silenciado, aislado e inferiorizado, negándoles así su capacidad de defensa, justicia y cambio. El sistema epistemológico con el que ha dominado "occidente": la razón totalitaria, domina toda la naturaleza y los cuerpos, ha sido la excusa perfecta para sembrar las bases de una sociedad jerarquizada, donde unos cuerpos valen más que otros y los menos favorecidos sufren la condena del maltrato físico y psicológico del propio sistema. Por otro lado, a lo largo del trabajo se defienden distintas formas de pensar, sentir y relacionarse; se trata de las sabidurías insurgentes, aquellas que el sistema dominante no tiene en cuenta y margina, pero son precisamente ellas las que nos pueden ayudar a contrarrestar el daño sufrido por la disociación que ha sufrido nuestro cuerpo al encontrarse jerarquizado también, entre razón y cuerpo. Se plantea así integrar el cuerpo como forma de vida; relacionarnos de manera horizontal, no jerárquica, sanar en colectividad para crear condiciones sostenibles para vivir y ser feliz. De esta forma se da un cambio social y político. El feminismo Comunitario Territorial y Actoras de Cambio crean condiciones para que ese cambio se pueda dar, han hecho un trabajo maravilloso con los cuerpos de mujeres victimas de violación sexual y han contribuido a resignificar sus vidas, su territorio o su cuerpo. Han sanado las heridas impresas en sus órganos, cabeza, piel, etc. Una herramienta clave con la que trabajan en Actoras de Cambio es la Biodanza, la cual se encarga de liberar el cuerpo de todas las voces y mandatos que lo atraviesan, lo conectan con su propio sentir y le permite experimentar nuevas sensaciones de disfrute, nuevas vivencias que lo sacan del puro dolor y estrés vital. Esto tiene impacto a largo plazo en la vida de las personas, ayudándolas a sanar desde sus partes sanas o desde su propio sentir interior, no desde el afuera o desde un plano inmóvil, conceptual o teórico. La sanación se da cuando escuchamos a nuestro cuerpo, entendemos lo que nos hace bien y lo que nos hace mal, cuando nos permitimos soltar el dolor y el trauma (por medio del movimiento o de verbalizar lo ocurrido); se da cuando encarnamos las sensaciones de alivio, de confianza, de amor propio, de felicidad y tranquilidad. Todo esto viene acompañado por una colectividad para que haya cambio real, porque se apuesta por una visión comunitaria y colectiva o de grupo, no por el individualismo mercantilista que vende la sanación como acto propio. Se busca el contacto con los demás, el reconocimiento, el apoyo y la validación entre todas las personas que integran el grupo. De esta manera se puede hacer frente y se pueden realizar luchas en contra del sistema opresor, no desde el individualismo que perpetúa la lógica del mismo.