Resumen: El inicio de la industria del papel en Aragón fue tímido pero pronto se alzó como referente nacional. En esta comunidad autónoma no existían núcleos urbanos que albergaran más de dos o tres molinos papeleros. El caso de dos de los municipios del Matarraña turolense, Beceite y Valderrobres, es una excepción ya que durante las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del XIX, se edificaron una serie de molinos papeleros capaces de dar trabajo a centenares de personas, convirtiéndose en un punto industrial de interés. Este éxito se debe a la extraordinaria calidad del agua de sus ríos, a su estratégica ubicación industrial, a la buena red comercial y en general, al clima seco que se da en las sierras del Matarraña. Todos estos factores hicieron posible que en ambos núcleos se creara un papel de trapo de una calidad extraordinaria. Esta situación se vio eclipsada por las guerras carlistas (1833-1876) las cuales asestaron un duro golpe a esta manufactura, resquebrajándose totalmente con la guerra civil española. Un número notable de estas fábricas se declararon en la bancarrota y aunque hubo varios intentos para volver a impulsar el sector, los empresarios decidieron apostar por la reconversión de sus molinos y adentrarse en otros sectores económicos más estables que este. Poco a poco estos edificios se han trasformado e incluso demolido, y con el paso del tiempo se han olvidando, permaneciendo solo en el recuerdo de las personas que formaron parte del colectivo que impulsó la economía papelera del país.