Resumen: A día de hoy no resulta complicado reconocer la creciente relevancia del entorno construido para el bienestar del ser humano, especialmente en los lugares destinados al rendimiento académico. La Neuroarquitectura, desde sus inicios, ha tenido como propósito demostrar la manera en que los estímulos arquitectónicos influyen sobre nuestras emociones y percepciones, convirtiéndose en un instrumento esencial para reconsiderar la calidad de los entornos educativos, en este caso. Con este trabajo se tiene el objetivo de examinar tres salas de estudio que son parte de la Universidad de Zaragoza para determinar cómo se ajustan a los estándares de la Neuroarquitectura conocidos actualmente. Se exploran parámetros como la materialidad, la iluminación, la geometría, la vegetación o la configuración del espacio, entre otros, mediante una metodología descriptiva-comparativa. Con el análisis se pretende mostrar tanto fortalezas como debilidades de cada sala, subrayando la importancia de incorporar diseños más versátiles, humanos y enfocados en el bienestar de los usuarios, en este caso, estudiantes. Así, los espacios destinados al estudio en la universidad se muestran como escenarios propicios para optimizar la experiencia académica mediante una arquitectura interdisciplinaria y consciente.