Resumen: El propio descubrimiento del paisaje, una revelación en sí mismo. La luz, materia y ser, acompañan al morador de Qal’at al-nour desde que alcanza la cúspide geográfica, hasta revelar la inmesidad del horizonte, pasando por un trazado racional pero a su vez laberíntico que huye de la visual directa para refugiarse en la escala cercana, en lo intricado. Conjuntos como unidades que niegan su propio centro para jugar con la percepción de lo privado, de lo interior y lo exterior. Muros que parecen ocultar mientras que, en realidad desvelan, paso a paso. La propia oposición al paisaje con una “tapia” que en realidad dota de una nueva relación entre observador y observado. Una mirada tamizada, pero clara y certera.