Resumen: Mal año para Lazarillo de Tormes y para la filología, pues nos acabade dejar Luis Alberto Blecua Perdices (Zaragoza, 1941-Barcelona, 2020). Sostiene Pereira que el género laudatorio y demostrativo de lasnecrológicas se debe utilizar con tanto rigor como desprendimientocuando se aplica a las cuestiones finitas, como sabía muy bien AlbertoBlecua. Él vivió siempre bajo el signo de la bondad, propiciada poruna sonrisa abierta con la que sin embargo escondía el tono inconfundiblede la melancolía. En los tiempos que corren, evocar su nombreimplica invocar la dignidad de las humanidades, esas hermanas pobresde las ciencias, que andan a la desbandada por los caminos del mundo, disfrazadas con los vistosos colores de la posmodernidad.
Alberto Blecua fue durante toda su vida alumno y profesor. Paraentender cuanto enseñó, escribió y hasta dibujó (bajo el seudónimode A. Claube), hay que situarlo en dos centros de excelencia educativa:las aulas zaragozanas del Instituto Goya, donde estudiaba tambiénsu hermano José Manuel, y más tarde las de la Universidad deBarcelona. Allí se licenció en Filología Románica y leyó una tesis doctoralen 1974 sobre la poesía de Gregorio Silvestre, calificada «cumlaude», que nunca llegó a publicar. De su infancia y juventud aragonesas, le quedó para siempre el acento y el recreo del diminutivoafectivo con el que se acercaba a los demás, aunque viviera la mayorparte de sus días, junto a su querida familia y sus amigos de tertulia, en el bar Oxford y en El Yate, como barcelonés de adopción.Su vida docente, iniciada en el Instituto Isabel de Aragón, siguió ... Idioma: Español Año: 2020 Publicado en: Insula 75, 881 (2020), 2 ISSN: 0020-4536 Originalmente disponible en: Texto completo de la revista