Resumen: La diplomacia tuvo una importante presencia durante el desarrollo político y militar del Imperio romano en la segunda mitad del siglo IV, el periodo que conservamos de la obra de Amiano Marcelino y que él vivió más de cerca. Uno de los usos de la diplomacia romana fue para poner fin a las guerras con enemigos externos, ya fuera forzando una rendición o mediante un tratado de paz negociado. Ésta era flexible y heterogénea, aplicando unas medidas u otras según la situación, siempre buscando el máximo beneficio para Roma. Además, se sirvió de una serie de herramientas para cumplir sus propósitos, desde el empleo de rehenes hasta la creación de vínculos clientelares con reyes vecinos. No obstante, su relación con el contexto militar hacía que en ocasiones tuvieran que aceptarse tratados perjudiciales para Roma, que se intentaban reconfigurar en el futuro mediante nuevas acciones militares o diplomáticas.