Abstract: El género Quercus cuenta con más de 400 especies distribuidas por todo el hemisferio norte. Esta biodiversidad, sumada a las dispares historias evolutivas de los diferentes clados subgénericos, se traduce en una gran diversidad de morfologías foliares, estrategias fisiológicas y ecológicas que les permiten colonizar, e incluso dominar, numerosos hábitats en climas muy diferentes. El clima mediterráneo, por ejemplo, es uno de los más restrictivos por la presencia de una sequía estival y unas temperaturas invernales bajas. En la cuenca mediterránea, una especie paradigmática de Quercus asociada a este clima es la encina. Esta especie cuenta con un comportamiento bimodal asociado a dos morfotipos que presentan diferencias en sus estrategias para enfrentarse a dichos factores de estrés. Así, el morfotipo Ballota, que ocupa condiciones generalmente más continentales y frías, presenta mayor resistencia a la cavitación, vasos más pequeños en su xilema y mayor tolerancia al frío que el morfotipo Ilex, que habitualmente está presente en zonas más suaves por su proximidad al mar. La encina define un síndrome foliar característico del clima Mediterráneo, que comparte con las especies que ocupan climas áridos y algunas otras especies mediterráneas. Este síndrome se caracteriza por presentar hojas pequeñas, esclerófilas, perennifolias, generalmente redondeadas, pubescentes y de bordes enteros, a veces con espinas o mucrones. Otras especies mediterráneas, junto con las templadas presentan hojas grandes, malacófilas, caducifolias, obovadas y lobuladas. Las especies tropicales tenderían a desarrollar hojas más largas, ligeramente esclerófilas, perennifolias, de bordes serrados, con ápices acuminados y glabras. El hábito foliar también define dos estrategias anatómicas diferentes en Quercus a nivel de pecíolo. Por un lado, las especies caducifolias tienden a aumentar el tamaño de sus vasos en el xilema y las células del floema para satisfacer las mayores demandas hidráulicas y fotosintéticas que implica desarrollar una mayor lámina foliar. Por el contrario, las especies perennifolias tienden a seguir una estrategia más conservadora, aumentando su capacidad hidráulica especialmente a través de la inversión en superficie conductora. Por último, queda demostrado cómo las especies de Quercus tienden a maximizar una única estrategia para defenderse de los herbívoros, ya sea de naturaleza física, química o de tolerancia a la presión biótica. Las especies más esclerófilas optimizarían una estrategia defensiva de tipo físico, mientras que el resto apostarían o bien por incrementar sus concentraciones de taninos condensados o su ratio relativo de crecimiento.
Contribution of the TFG/M to Sustainability: Proteger, restaurar y promover la utilización sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar de manera sostenible los bosques, combatir la desertificación y detener y revertir la degradación de la tierra, y frenar la pérdida de diversidad biológica.