Resumen: Con poco más de ciento un años nos abandonó Juan Eduardo Zúñiga. En 2019 celebramos su centenario y su extraordinario legado artístico, con este monográfico de Pasavento continuamos el homenaje. Desde niño sintió atracción por las lenguas, al descubrir, en un libro de su padre, una lámina sobre los colosos de Memnón y la leyenda de que hablaban en un idioma desconocido. Esta afición no hizo más que crecer con los años hasta convertirse en un gran especialista en lenguas eslavas. Se interesó primero por la literatura rusa, después por la rumana y la búlgara, y años más tarde por la portuguesa. Tradujo al poeta y pensador Antero de Quental por lo que obtuvo, en 1987, el Premio Nacional de Traducción. La literatura ha sido su principal dedicación: la redacción de su obra, ediciones y prólogos a las de autores admirados –Larra, Chéjov, Yávorov, Pautovski, Turguéniev–, artículos y reseñas. Hablar de la literatura como vida define al hombre y al escritor.
Zúñiga es conocido, sobre todo, por su narrativa breve. “Escribo cuentos porque, en principio, es la medida de mi respiración” (2003: 40), afirmaba en una entrevista con Manuel Longares. Sin embargo, sus dos primeros libros fueron novelas: Inútiles totales de 1951 y El coral y las aguas de 1962, recuperadas por Cátedra (2019). Con la última obtuvo el premio de novela breve de la revista Acento Cultural en 1959. Cuando se publicó en Seix Barral, fue ignorada por la crítica, por colegas y amigos. Esta reacción solo se explica por la obsesión con el realismo social de sus coetáneos. La amistad entre ellos no suponía una afinidad literaria. El coral y las aguas iba “contra corriente”. Su realismo metafórico y su lenguaje simbólico resultaban difícil de entender y la... Idioma: Español Año: 2020 Publicado en: Pasavento 8, 2 (2020), 315-318 ISSN: 2255-4505 Originalmente disponible en: Texto completo de la revista