Resumen: El presente trabajo parte de la necesidad urgente de afrontar el analfabetismo visual que predomina entre el alumnado de la ESO, unida a la marginalidad del arte contemporáneo en los currículos oficiales. Entendemos esto, no solo como la incapacidad de interpretar imágenes, sino como una forma limitada, sesgada y acrítica de mirar el mundo. Esta carencia, gran parte heredada de una tradición educativa centrada en lo textual y memorístico, se ve agravada por la persistencia de una mirada patriarcal, capitalista y colonial que condiciona la percepción del arte, de la cultura visual, y en última instancia, de la realidad. En una sociedad donde los discursos visuales dominan la comunicación, la cultura y las relaciones sociales, la escuela no puede seguir relegando la imagen a un papel secundario o decorativo. La falta de herramientas para interpretar críticamente lo visual perpetúa la reproducción pasiva de estereotipos y narrativas hegemónicas. Desde esta necesidad, se han propuesto una serie de experiencias didácticas innovadoras que, a través del arte contemporáneo, buscan iniciar en el alumnado procesos de observación, reflexión y análisis crítico; para desarrollar una mirada crítica, activa y contextualizada sobre las imágenes que lo rodean, conectando así en análisis visual con la historia, la identidad y los conflictos del presente. Estas actividades destacan por su modelo progresivo e indagatorio, fomentando la lectura simbólica e iconográfica de las imágenes, una práctica que exige activar el pensamiento abstracto y contextualizado, al tiempo que permite establecer relaciones significativas entre el lenguaje visual y los procesos sociales, políticos y culturales de su época. A través del análisis del problema, la fundamentación teórica y el diseño de experiencias activas, se ha demostrado que es posible trabajar la alfabetización visual desde etapas tempranas, siempre que se aborden desde metodologías activas, interdisciplinares y orientadas al pensamiento crítico. Se promueve un aprendizaje activo, donde los/as estudiantes asumen un papel protagonista y participan en la construcción colectiva del conocimiento. Las experiencias propuestas no pretenden ofrecer temas cerrados, sino abrir espacios de diálogo, experimentación e interpretación, donde el arte se conciba como una herramienta de construcción de sentido y no como un objeto decorativo o de memorización.